12/08/2008 - Consejeros Agrupados de Comunicación
El Instituto Madrileño de Formación informa sobre el síndrome de la clase turista
12 de agosto de 2008. El Instituto Madrileño de Formación, informa sobre las consecuencias de los viajes en la clase turística y de cómo paliar sus efectos si se procede de un modo correcto durante el viaje.
En verano tenemos varias formas de desplazarnos, una de ellas es en coche y con ella llegan los accidentes de tráfico (in itinere o no, el sufrimiento que genera está más allá de la relación contractual y del momento del día) y la otra es en avión.
Hay un síndrome, cada vez más conocido que es el de la clase turista que consiste en los trastornos circulatorios producidos por la prolongada inmovilidad en espacios reducidos, como los asientos de la clase turista de la mayoría de las compañías aéreas. Puede derivar en trombosis venosa profunda (TVP) en las extremidades e incluso podrían ser fatales si los coágulos se desprenden y llegan al pulmón.
Pero hay que señalar, que la TVP ocurre raramente y en gente especialmente predispuesta cuando se dan periodos prolongados de inmovilidad.
Aunque aún no existen estudios concluyentes al respecto, los vuelos de larga duración pueden considerarse como un factor adicional de riesgo de trombosis venosa profunda.
El síndrome de la clase turista debe su nombre a la falta de espacio que existe entre los asientos de esta zona del avión. Los pasajeros de vuelos largos pasan muchas horas sentados y con las rodillas flexionadas Esta inmovilidad perjudica la circulación sanguínea y puede formar coágulos en las venas de las piernas al quedarse estancada la sangre. Al recobrar la movilidad, los trombos que se forman en las extremidades inferiores pueden viajar hacia otros órganos, tales como el corazón o el cerebro, provocando lesiones muy graves. "La inmovilidad permanente es un factor de riesgo", según los expertos.
Población de riesgo
Las personas que tienen problemas circulatorios, como las varices, aquellas que hayan padecido trombosis anteriores, y quienes padecen enfermedad obstructiva crónica (EPOC) o insuficiencia cardiaca, constituyen la población con mayor riesgo de sufrir TVP. Si a este peligro ya existente sumamos la inmovilidad que implica la realización de un viaje largo, la posibilidad de que los trombos se formen aumenta, según algunos expertos.
Las embarazadas también se encuentran dentro de la población de riesgo de sufrir trombosis venosa profunda. “El propio útero aumenta de tamaño durante la gestación, dificultando el retorno venoso de las extremidades inferiores, siendo frecuentes los edemas al final de la tarde en una embarazada. Si a esto sumamos la inmovilidad que implica un viaje en avión durante varias horas, se explica la aparición del riesgo de una complicación de este tipo”, señala el doctor José Luis Pérez-Arellano.
En cualquier caso, los pasajeros que deban permanecer en un espacio reducido durante un intervalo largo de tiempo como consecuencia de un viaje en avión pueden disminuir la posibilidad de trombosis venosa de forma sencilla. En opinión de distintos expertos, basta con dar un pequeño paseo cada dos horas o realizar sencillos ejercicios en las zonas más espaciosas del avión, como ponerse en cuclillas. También podemos contraer de vez en cuando los músculos de las piernas mientras permanecemos sentados, ya que de este modo se facilita la circulación venosa profunda.
Así
mismo es aconsejable beber con regularidad pequeñas cantidades
de agua con el fin de evitar la deshidratación, ya que la
falta de agua espesa la sangre y aumenta el riesgo de coágulos.
Incluso se recomienda la ingestión de aspirina, siempre que no
esté contraindicada por otros motivos, ya que este medicamento
tiene efectos anticoagulantes.
Si
tras la realización de un trayecto prolongado se observa una
hinchazón persistente y no habitual en las piernas, los
especialistas recomiendan acudir de inmediato a un centro
hospitalario, donde se administrará un tratamiento
anticoagulante para disolver el trombo. Según informa el
doctor Cabrera, “la situación podría revestir mayor
gravedad si se experimenta dolor torácico, falta de aire o
respiración dificultosa”. En estos casos habría que
acudir un servicio de urgencias hospitalario para ser atendido por un
neumólogo.
Los síntomas pueden manifestarse con posterioridad al vuelo en forma de hinchazón, dolor, o bien hormigueo en las extremidades. Se recomienda acudir al médico para que en caso de haberse iniciado un coágulo prescriba la medicación adecuada.
El Instituto Madrileño de Formación apunta algunos consejos durante el viaje
Mueva las piernas cada cierto tiempo, realizando contracciones que faciliten la circulación venosa profunda.
Levántese del asiento cada hora y de varias vueltas por el pasillo.
Beba suficiente agua para evitar la deshidratación.
No adopte una posición forzada ni cruce las piernas si va a dormir.
No coloque el equipaje en el espacio destinado a las piernas.
Lleve ropa holgada, preferiblemente de fibra natural, con el fin de favorecer una menor presión sobre la piel y su mejor ventilación, aflójese el cinturón y los cordones de los zapatos y utilice medias y calcetines elásticos.
Evite tomar alcohol y bebidas con cafeína, ya que tienen efectos diuréticos.
Como resumen, las medidas preventivas para evitar los efectos de esta afección consisten en moverse por el pasillo del avión cada hora, beber agua y ajustarse la ropa, calzado y cinturones de forma que no impidan la circulación así como dormir en posiciones que una extremidad o parte del cuerpo no impida la correcta circulación en otra.
Desde el Instituto Madrileño de Formación y gracias a su amplio bagaje en la formación de la prevención laboral, se recomienda utilizar y seguir pequeña pautas que nos ayudarán a pasar unas vacaciones tranquilas y plenas de salud.
Tags: la clase turística.